Entiendo la Educación como compromiso ético, como solidaridad, como concientización liberadora que ayuda a romper con la ignorancia, el sometimiento y el fatalismo.
Y tengo especial interés por el mundo de los inmigrantes.



29.3.08

Ignorantes

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Pocas cosas hay que me indignen y subleven más que el racismo: el que alguien se crea superior a otro simplemente por el color de la piel, pelo o estatura. Y es que en la zona donde vivimos empieza a palparse.

Concretamente quiero escribir sobre las pintadas racistas que insultan a gentes de otro color o de otro país. Insultan a gentes que trabajan honradamente aquí y con los que quisiera solidarizarme como andaluz. Y como vecino o maestro de algunos de ellos que soy.
Hace poco volví a ver pintadas con spray en una calle céntrica, otra cercana al Centro de Adultos, otras frente a los IES: “P… moros fuera” -decían. Y todas, supongo, porque unas tiendas en cuestión serían propiedad de gente inmigrante o porque alumnos de nuestro centro lo son.

Verdaderamente el racismo y la xenofobia son frutos de la ignorancia y conducen a la estupidez. Y el diccionario señala que ésta es sinónimo de idiotez y torpeza. Porque míra que hay que ser torpe e idiota. Tierra de emigrantes ha sido y es Andalucía, especialmente la comarca cordobesa de La Subbética. ¿Y pedir -y precisamente aquí- una burrada semejante? Cruel es el mensaje. Y encima, equivocado.
¿Acaso no saben esos botarates nocturnos de la pintura que entre 1960 y 1980 más de un millón de españoles (1.121.425 exactamente) emigraron de forma fija a Europa y que casi otros dos millones lo hicieron de forma temporal? ¿Ignoran que de la comarca de La Subbética, en las mismas fechas, emigraron al extranjero, de forma fija, nada menos que 1.336 vecinos de Priego?

No saben, ignoran, que con todo no fueron nuestros paisanos los más numerosos ya que de la cercana Cabra marcharon 4.269 También de Lucena (1.298), de Almedinilla (272), de Luque (853), de Zuheros (684), de Carcabuey (283), de Doña Mencía (2.053), de Fuente Tójar (76), de Iznájar (441)… Se alcanzó así una emigración exterior en nuestra comarca del casi 2 % de su población.

A todos estos datos habría que añadir los de ultramar y la mayor aún emigración interior. La referida a Cataluña -“la novena provincia”- supuso casi otro millón. Y a Baleares y al Pais Vasco…Todo estos datos son necesarios para conocer la verdadera dimensión que este fenómeno social supuso.

Ignoran también que muchos no llevaban papeles –como ahora algunos exigen y reclaman- pues más de un 60 % de los llegados a Bélgica carecían de ellos, por ejemplo. Y todo según datos oficiales de aquel folclórico y muy franquista Instituto Español de Emigración.

¿Qué opinarán los que escriben –es un decir- semejantes frases por tapias cercanas si en la puerta de una fontanería o de un bar propiedad de un familiar, emigrante andaluz, pintaran “Andaluz de mierda, vete a tu casa” o algo por el estilo? Los inmigrantes antes y ahora, aquí y en todos lados, solo han buscado y buscan trabajo, huir de la miseria, mandar dinero a su familia, sobrevivir al fin y al cabo. La vida da muchas vueltas y algunos olvidan muy pronto. Los inmigrantes actuales son nuestro propio espejo: muchos andaluces se ven reflejados. Tal como ellos son, nosotros fuimos.
Claro que pedir que esas gentes racistas hagan semejante razonamiento significa suponerles inteligentes, casi pedirles un imposible, debido a la escasa materia gris que demuestran poseer.

Pero a veces pienso que, en verdad, ellos apenas tienen la culpa. Ellos se crían –que no educan- en una sociedad que hace posible ese caldo de cultivo, una sociedad que hacemos entre todos cada vez más insolidaria y competitiva. Ellos no saben que, lo quieran o no, la sociedad del futuro será multirracial y multicultural, especialmente Europa. Cada vez más en la Andalucía del interior -antes tan aislada- en nuestras aldeas, en nuestros pueblos y en nuestra comarca, veremos a gentes de orígen norteafricano, sudamericano u oriental. O de Europa del este. Vienen a trabajar y a vivir entre nosotros. Y bienvenidos sean, porque además será señal que marcha bien nuestra economía.
Ignoran esos amantes de las expulsiones que Andalucía es producto de mestizajes de todo tipo. Como todos los países, por cierto. Ignoran que en sus propios apellidos, en los nombres de nuestros pueblos, de los ríos, de los montes, en las costumbres y tradiciones, en nuestra gastronomía, etc. puede observarse la huella de otras culturas y que todas nos han enriquecido y nos ha hecho ser lo que la inmensa mayoría somos: gente abierta. Bueno... menos a unos cuantos que, lo mínimo que se me ocurre decirles es eso: ignorantes.

Y es que además, éste que suscribe, también fue emigrante.

de Paco Córdoba

25.3.08

Doble Vara

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Tengo entendido por haberlo leído en algún lado –y confieso que no en su obra- que Maquiavelo hacía referencia en El Príncipe a la democracia, pero señalando que en ella solo había espacio para los intereses particulares. Y cuando actualmente se habla del medio ambiente parece que todo esta supeditado a ello, como si no hubiéramos avanzado nada desde el Renacimiento. De tal famosa figura ha quedado también aquello de que “el fin justifica los medios”… y así va el mundo por haberlo llevado a la práctica más un grupo político en nuestro país. Pero no nos salgamos del tema, que es otra cosa sobre la que deseo escribir: el medio ambiente andaluz.

Posiciones neo-capitalistas retrógradas, que supeditan todo a interese particulares y solo rentables a muy corto plazo, me temo que se dan la mano con posiciones del ecologismo radical, sin entender que este espinoso tema solo se solucionará adecuadamente en relación con la cuestión social y de ninguna manera aisladamente. Tanto las posiciones de unos como las de los otros dañan a la mayoría.
Deseo citar a Marx, ahora que dicen tantos que se equivocó, para recordar que fue el primero en señalar que “el capitalismo solo desarrolla la riqueza social a base de destruir la s fuentes de la fuerza de trabajo humana… y también de la naturaleza”.
Esto es evidente cuando se priman los intereses particulares, de unos cuantos, frente a los de la inmensa ciudadanía. Así, por ejemplo, es corriente oír decir en el pueblo donde vivo y en otros sitios eso de que “en mi campo mando yo, que para eso es mío”. Y es que el lenguaje de lo particular esta tan interiorizado en todos que pareciera que aún estamos en los albores del siglo XVI. Algunos solo hablan de derechos y se olvidan de los deberes. Este ponerle puertas al campo es imposible y debemos cambiar la mentalidad; ella solo cambia cuando se demuestra con hechos. Y los hay.
Pero algunos ingenuos esperan descubrir un capitalismo que sea ecológico, lo que es una pura contradicción. El sistema capitalista en el que vivimos es antiecológico y atenta contra el medio ambiente por su propia naturaleza y crea de paso esas mentalidades ultramontanas de determinados paisanos. Claro que en la banda contraria los hay que son unos ultraecologistas, que parecen salidos del siglo XIX o acaban de leer algo sobre el Romanticismo y su concepto filosófico de la Naturaleza. Otros responsabilizan a las personas, sus necesidades y la superpoblación: es lo que algunos autores han bautizado ya como “ecofascismo”, pues no es otra cosa.
Las soluciones deben pasar por consensos políticos globales, relacionados con los derechos humanos… socio económicos (que estos, curiosamente, siempre se olvidan). Aquí tienen mucho que decir la izquierda, desde la local, regional o europea, y desenmascarar a los que solo tienen una demagogia barata y electoralista (léase: lenguaje de izquierdas y actuaciones de derechas).

¿De qué sirve una Andalucía o una España supuestamente ecológícas cuando un pueblo o una comunidad almacena ella solita todos los residuos radioactivos? (Hornachuelos. Andalucía). ¿De qué sirve una Europa limpia y pulcra, respetuosa con el medio ambiente, si nuestra mierda nuclear o contaminante la enterramos sigilosamente en desiertos africanos o en los mares del sur sobornando gobiernos? ¿De qué sirve –por poner ejemplos más próximos- las calles de nuestros pueblos que los vecinos limpian con esmero si toda nuestra mierda baja río abajo y aparece en otro lado? Esto es hipocresía. Y esto pasa con el beneplácito de toditas las administraciones y partidos que han estado o están en el poder, sea central, autonómico o local.
Por la Andalucía interior, por donde vivimos, se desmontan cerros y plantan olivos, que “para eso el terreno es mío”. Contaminamos a sabiendas porque el negocio (aceiteras, etc,) es mío… Y así sucesivamente. Y esto no es solo cuestión de grandes o pequeños, de poderosos o humildes. Todos estamos en el ajo y todos debemos ser conscientes que las soluciones tienen –debido al sistema- un costo. ¿Lo deseamos de veras? Me temo que no, si toca nuestro bolsillo. Volvieron otra vez a salir los particularismos, el Yo egoísta, la doble vara de medir.
Todo el mundo habla del Amazonas, de la Antártida, etc. pero pocos hablan de los vertidos o talas más cercanas. O de urbanizaciones particulares en playas y lugares hasta ayer vírgenes que “venden” puestos de trabajo. Pan para hoy y hambre para mañana, eso es lo que son. Doble rasero.
A nivel local se reproduce lo que a nivel mundial hacemos. El centro explota a la periferia, a las personas y su hábitat., las zonas más desarrolladas a las más atrasadas o con menos recursos. Y destruimos su (¿su?) medio ambiente. Los supuestos controles y normativas aquí son unos y allí son otros. Para qué más ejemplos.
Visto lo visto, la izquierda real tiene tarea por delante, y en éste nuestro pais, más.

de Paco Córdoba

Medio ambiente

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Ideología y medio ambiente son dos caras de una misma moneda. Parto de esta premisa.
Uno se pregunta por qué en el mundo de hoy la actividad económica de los ciudadanos ha terminado haciendo peligrar en medio ambiente y, a la postre, las condiciones de vida actuales de muchos ciudadanos y, de paso, las de generaciones venideras. Por de pronto todos habremos de reconocer que ello sucede gracias a uno de los valores tenidos como básicos en el mundo occidental. Me refiero a la libertad, o mejor dicho: a la forma en cómo la entendemos y la usamos.
La libertad individual, aplicada a las relaciones de producción o económicas, fue y es un valor desde luego mal entendido y –a los hechos me remito- peor desarrollado. Es precisamente la libertad individual en un mundo regido por el capitalismo la que permite, en principio a todo hijo de vecino, perseguir su propio interés de una forma tal, sin restricciones, que no tiene en cuenta las condiciones de vida de otros seres semejantes más o menos cercanos o lejanos geográficamente… y mucho menos la vida de otras especies.
La libertad individual, la libertad de la actividad económica (y especialmente de quienes pueden ejercerla) es causa de la ruina de la mayoría y casi una sentencia de de muerte para otros. Las condiciones del medio ambiente en ámbitos urbanos y rurales, la conservación de los medios naturales, los recursos, etc. son alteradas por las actividades económicas y las leyes del mercado. Y lo peor es que los rápidos cambios que producen son muy a menudo irreversibles debido a la cada vez mayor capacidad explotadora y transformadora del hombre, relacionada con un mal uso de su tecnología. Y es que el comportamiento humano, la prioridad de intereses, es esencial en una materia como la económica y medio ambiental. Y así nos va.
Los intereses, deseos económicos y materiales de los individuos se expresan en preferencias, pero estas son causa inmediata, muchas veces, de desastres ecológicos y están frecuentemente manipuladas por la publicidad o necesidades superfluas.
El capitalismo solo habla de libertad cuando y como le interesa. Dice defender el derecho de todo individuo a vivir mejor. Los que nos sentimos marxistas y ecologistas decimos lo mismo… pero puntualizando que sin que ello acarree que otra persona, colectividad o clase social viva peor. Y es que esto último viene siendo la norma.
El medio ambiente esta relacionado con la forma de ver y entender el mundo. Ya dije: ideología y medio ambiente son dos caras de una misma moneda. En una economía de libre mercado el cuidado del medio ambiente y la ecología no existen y, en todo caso, sus niveles dependerán de rentabilidades económicas o niveles de inversión y costos. Traduciendo: si quieres una mejor calidad medio ambiental de tu barrio, de tu pueblo, de tu río, de tus montes… pues págalo.
Creo que desde el punto de vista “de izquierdas” (marxista, para entendernos en en el confuso y light mundo político de hoy) la libertad solo permite así al ciudadano perseguir su personal interés, sin más restricciones que las económicas. Las clases sociales más favorecidas, los barrios de la alta burguesía, las naciones con más poder económico se pueden “pagar” así –hipócritamente- sus óptimos niveles de protección medio ambiental. La inmensa mayoría, no.
Pensemos que los beneficiados del desarrollo del mundo capitalista solo son (somos, perdón) unos cuantos. En general el mundo desarrollado es el denominado occidental y olvida a la inmensa mayoría de los habitantes de otros continentes que no son tan afortunados y que sus atrasos y subdesarrollo existen por y para que una minoría pueda disfrutar de “su” libertad.
Vuelvo a decir que exactamente igual sucede si aplicamos esta reflexión al ámbito de las clases sociales. El centro explota a la periferia en aras a la libertad –“Bien Supremo”- pero de la que pueden usar y disfrutar solo unos pocos: los que tienen el poder. A más cota de poder económico –dicen- más libertad. Esto es lo que demuestra la Historia. La occidental, por supuesto.
Te hacen creer que los inventos y las innovaciones tecnológicas solo pueden ser desarrollados y aplicables en un marco de una economía de libre mercado, y todo gracias a la libertad. Y que esta última da espacio tanto a la creatividad individual como a la sana competitividad… y a la rentabilidad. Pero pareciera así que el precio que se paga, por ejemplo, del agua, aire o la tierra dá derecho a contaminar hasta cierto punto nuestros ríos y montes. Y es que en esta dinámica individualista y capitalista-mercantil caemos casi todos: “todo tiene un precio”, “las cosas son así” –decimos.
Así, por ejemplo, el pesimismo de ciertas instituciones (locales, autonómicas o centrales) ante determinados temas de medio ambiente es terrible pues ante desastres ecológicos muy previsibles las soluciones –dicen- son muy difíciles, y no porque no existan, sino porque el precio es muy alto. No se dan cuenta que todo ello tiene mucho que ver con nuestros hábitos, preferencias e intereses. Y que los hábitos ciudadanos e intereses se forman poco a poco, se educan, no nacen de la noche a la mañana. Tienen mucho que ver con los valores ideológicos que desde las estructuras de poder se inculcan. Y los centros de poder, queridos lectores, rebosan ideología por todos lados. Ideología conservadora, claro. Y la transmiten.
Hora es ya que la inmensa mayoría, la ciudadanía ajena y excluida de los beneficios inmediatos de esa “libertad” económica, reclame sus derechos medioambientales como parte de la calidad de vida a que tienen derecho. Y que no nos hagan creer que ello esta en contraposición al desarrollo económico (¿cuál? ¿de qué signo?) tan necesario para generar puestos de trabajo.
No hay que ser un experto economista para saber que una solución -para empezar- sería que las plusvalías y beneficios de las poderosas compañías y monopolios sean menores o se reinviertan en el medio ambiente. Pero eso es imposible sin cambiar el modelo de sociedad. Y que para comenzar hay que educar desde abajo. Y que los poderes legislativos, los que establecen las normas locales, autonómicas, etc. sean “de izquierdas” y que prediquen con el ejemplo.
Visto lo visto solo nos queda al ciudadano de a pie usar al máximo nuestra libertad: la presión de los votos. Es nuestra hora para cambiar tanta tendencia destructiva. En nuestras manos está.

de Paco Córdoba

24.3.08

Terapia

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Tengo que escribir. De hoy no pasa –me digo- que tengo que escribir. Escribir, hablar, hacerme oir, pues a buen seguro hay muchos, muchísimos que piensan como yo. Tengo que escribir sobre la barbarie de la ex Yugoslavia, sobre la guerra que se expande por una Europa menos unida que nunca. Escribir sobre el drama humano que viven millones de familias a las puertas mismas de esta frágil Unión Europea. Escribir, sí. Al menos por pura vergüenza.
Porque eso es precisamente lo que siento: vergüenza e indignación.

Quiero, deseo, busco con estas líneas mal trabadas –sucede cuando entran a colación tantos sentimientos contradictorios- simplemente desahogarme. Ni siquiera sé si alguna vez verán la luz. Pero necesito escribir, tengo que escribir…
Profundamente desilusionado como andaluz y como europeo, me siento cada vez más cerca del Tercer Mundo. Mi corazón está, cada vez más, con otras gentes: con los saharauis, con los africanos, con los aztecas y gentes de Chiapas, con los que vienen en pateras, con las mujeres de Afganistán, con los desheredados de la India, Ruanda, Somalia…-no sigo la lista- de medio mundo.
Y por eso escribo, ingenuamente como terapia. O eso creo…

El llamado Primer Mundo, el mundo desarrollado, el “centro” de la cultura y defensor de los más nobles valores morales, como así nos creemos, es simplemente un gran hipócrita. Este mundo explota, coloniza y ahora hasta bombardea a gentes que nada tienen que ver con el tema. Y todo estro sucede a las puertas del siglo XXI.
¿Quién dice que somos el “Primer” Mundo? En tal caso somos la Primera mierda del mundo, que interviene cuándo, cómo y dónde le da la gana para salvaguardar sus intereses. Manipula informaciones, pone y quita dictadores y mira para otro lado cuando le interesa…

Hoy no creo a ningún bando. Simplemente estoy contra la guerra, cualquier guerra. Llevamos siglos y no aprendemos. Sé de sobra que muchas injusticias incuban y fomentan conflictos bélicos. Sé, como muchos, que estos son azuzados o ralentizados cuando interesa a los poderosos por intereses económicos innombrables. Y todo ello a pesar que pareciera que son aspectos religiosos, étnicos o territoriales los que están en primer plano. El ciudadanos de a pie paga el pato: los trabajadores, los niños, los más pobres…

No entiendo tampoco a gentes que dicen ser piadosas o religiosas y creyentes de un dios (cristiano-católicos, cristiano-ortodoxos, musulmanes, etc.) pero que a pesar de todo se degüellan entre sí desde hace siglos y en todos lados.

No entiendo, más concretamente, a gentes con un aceptable nivel de vida, y que hasta ayer mismo vivían en paz (así era Yugoslavia), vecinos unos de otros que, meses después, se matan, se aniquilan. Hoy entiendo menos que nunca al ser humano (¿humano?).
Cierto que el serbio Slobodan Milosevic era un dictador impresentable (como otros) pero no entiendo a una Europa que hizo pagar a todo un pueblo tan alto precio bombardeando puentes, ferrocarriles, fábricas y ciudades a cientos de kilómetros del conflicto. Se logra así sumir aún más en la pobreza y la desgracia a mucha más gente. ¿De qué van a vivir? ¿Cómo? Tarde o temprano la guerra acabará y… ¿no serán luego las grandes multinacionales europeas y norteamericanas las encargadas de la reconstrucción “generosa” de aquellos países? Ellas y solo ellas serán las beneficiadas…. Eso sí: en nombre de la paz y el progreso.

Los bombardeos de la OTAN no buscan preservar a los habitantes de Kosovo y garantizar su vida. A este paso la rica Europa no solo tendrá que dar cabida en los próximos años a los refugiados de Kosovo, sino también a los de Montenegro, Macedonia, Albania… y Serbia incluida.

La Yugoslavia que yo conocí era un país multiétnico, bonito, de grandes montañas, con pueblos erizados de picudos minaretes especialmente en Bosnia. También conocí y tuve por compañeros a yugoslavos del norte y del sur cuando trabajé en Suiza... Pienso qué habrá sido de ellos en estos años. Ahorraban para hacerse una casa. Eran gentes como nosotros. ¿Dónde estarán? ¿Qué pensarán de los españoles ahora que su gobierno participa en la guerra de los Balcanes? ¿Dónde estarán también hoy aquellos vecinos de Belgrado que amablemente nos enseñaron su ciudad? ¿Y los de Novi Sad? ¿Y los de Nis…? ¿Qué será de tanta gente que conocimos y sus pueblos? Temo que se extienda tanta barbarie. ¿Pasará lo mismo que Sarajevo? Cada vez que veía en TV la larga avenida que conducía al camping, reventada y llena de edificios en ruinas, me daba literalmente el día…

Siento vergüenza. Y por eso tengo que escribir.
Por eso –insisto- escribo estas líneas, hoy. Con el corazón.


Interculturalidad

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La interculturalidad es deseable y necesaria en la Escuela Pública andaluza.
En todo Estado democrático la Enseñanza debe de ser, cuanto menos, intercultural, ya que los ciudadanos tienen diferentes formas de percibir la realidad y de actuar sobre ella: tienen –poseen- distintas culturas de clase, religiosas ó políticas. Así pues el necesario respeto por el pensamiento, creencias, ideas o raza del que es diferente a nosotros constituye uno de los pilares básicos sobre los que se asienta cualquier Estado democrático, y su aplicación supone un gran apoyo al aprendizaje de la convivencia ciudadana y, además, un acto de madurez de la sociedad que lo defiende.

Cualquier presencia impuesta de doctrinas segregadoras (que separan) en la Escuela, sean políticas o religiosas, solo sirve a los fines contrarios a éstos que he citado. Esto es obvio.
Pero es que hay cosas que no creo que puedan ser ni medianamente defendibles por nadie desde los postulados de la razón democrática, salvo –claro está- que sea un integrista totalitario. Una de ellas es la presencia de la religión en la Escuela Pública andaluza. La jerarquía de la Iglesia Católica ejerce cada cierto tiempo presiones para abarcar más privilegios de los que ya logró con el –creo- Art.16.3 de la Constitución española, con el que se aseguraba un trato evidente de favor. Soy de los que pienso, a pesar de todo, que afortunadamente sus feligreses (y sus actitudes cotidianas personales) van por delante de ella en muchas cosas, entre ellas la tolerancia.

Las posturas menos dogmáticas, más escépticas y abiertas de la mayoría de los católicos de a pié evidencian que no ven peligrar sus creencias personales porque se enseñe o no religión católica en las escuelas públicas de nuestra tierra, o que se rece o no al comienzo de clase, o que un crucifijo presida como antaño (y aún en muchos lugares) el aula donde está un horas su hijo. Intuyen, saben, que la religión es otra cosa, íntima, personal… y que las convicciones se demuestran de otra forma. Pero, sigo diciendo que la jerarquía católica no se entera.
Claro que el que esto suscribe, ciudadano en absoluto religioso, está sobradamente convencido que la Iglesia Católica simplemente es un poder fáctico importante, lo cual no es bueno ni malo en sí, pero al que hay que reconocerlo como tal muy terrenalmente y dejar de ser ingénuos. Y como poder fáctico así actúa. También son grupos de presión los partidos, entidades financieras, medios de comunicación y diversos colectivos… y sin embargo ninguno de ellos exige una exclusividad en el trato. Y es que la religión en la escuela, es un asunto político y educativo; no es como quieren hacernos creer algunos un asunto de religión o de fe. No.
Indiferentemente de las creencias religiosas e ideológicas de cada uno creo que la enseñanza religiosa –de existir- debe de hacerse en el marco familiar o, cuanto menos, fuera de la escuela, sea esta pública o concertada. La libertad de enseñanza que ampara la Constitución significa, precisamente, lo contrario de lo que pretenden los fundamentalismos religiosos; quiere decir que nadie está obligado a recibir una enseñanza que se oponga a su libertad de conciencia. Es inconstitucional pues imponer una determinada religión o una determinada ideología a los ciudadanos. Esto es cosa de los regímenes totalitarios… o de algunos miembros del cuerpo de docentes que, en general, bien conservador es.

Pero es que además se fomenta deliberadamente desde algunos ámbitos la confusión entre “lo religioso” y las “doctrinas religiosas”. Y no es lo mismo. Lo religioso forma parte de la antropología universal si se quiere. Otra cosa sería que se estudiasen las diferentes fenomenologías religiosas y su evolución como parte de la cultura de los pueblos, desde el punto de vista universal y antropológico. Lo que no sea así supone una visión parcial y subjetiva de un tema particular, como tan particular puede ser la visión religiosa o política de una clase social determinada. Si los alumnos “deben” de tener conocimiento de estos temas debe de ser a través de áreas relacionadas con la Antropología o bien la Filosofía. Lo que no sea así serán realmente catecismos particulares.

Dicen algunos que para comprender una cultura hay que estudiar su religión. Pudiera ser. Pero a nadie se le ocurre –por ejemplo- poner una asignatura de Mitología para estudiar las escasas nociones sobre Grecia Antigua existentes en Primaria o en Secundaria.
Ya está bien de ataques a la Escuela Pública. Y añado: el Estado no debe apadrinar la iniciativa privada escolar, pues a medida que lo hace, aunque sea de tapadillo (como este Gobierno central y el autonómico) hunde más a la Enseñanza Pública y le resta calidad y medios.

Tal es así que según datos de la propia Conferencia Episcopal la Iglesia Católica recibió en 1995 nada menos que 18.956 millones de pesetas. Pero, y actualizo: 4.310 millones de euros en aportaciones directas a los que hay que sumar 750 millones de euros en desgravaciones fiscales, en el año 2007. Y aquí no se cuenta otras cantidades aportadas para mantener su patrimonio particular… con el dinerito de todos. ¿Discriminación? No: privilegios, señores.

La enseñanza privada y concertada encubre las más de las veces a un centro educativo de carácter religioso -cuasi elitista y clasista- que tiene todo su derecho a existir. Pero estos centros son negocios y como tales deben autofinanciarse, ya que de lo contrario es un ejemplo perverso de la gestión de fondos públicos que aportamos todos los andaluces.

La presencia de catecismos particulares en la Escuela Pública (políticos o religiosos) lo que hacen es mantener un poso de intolerancia manifiesta y, como dice M. Flores, es fomentar un “nosotros” frente a un “los otros” debido a la falta de interculturalidad.
Cuiertamente no hay nada neutral y es de ingénuos creer que la escuela lo es. Cada gobierno, con sus reformas educativas, busca un fin. Y el de este y otros anteriores, es más que discutible. Las “religiones” no deben de formar parte del currículum ni del horario escolar (ni con otros nombres) por razones políticas y educativas. Intrínsecamente fomentan la segregación y tratan todas de imponerse. Así de claro.

Respetémonos todos (especialmente los docentes) y no veamos que la necesaria clarificación de lo que debe de ser una Escuela Pública es un ataque a unas determinadas creencias. De integrismos está el mundo sobrado,

Drama en clase

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Hemos perdido a un compañero de clase por sorpresa. Ha sido un verdadero drama lo vivido por él, por sus compañeros de piso, por sus amigos y también por toda la clase.
Llevaba entre nosotros desde el 2002 y, naturalmente, por aquél entonces no tenía papeles: saltó en patera desde el Sahara a Canarias como tantos otros huyendo de la pobreza. Milagrosamente llegó. Meses después en una calle de Granada le pidieron la documentación y como carecía de ella, le dieron orden de expulsión. Esta no se cumplió posiblemente por el gran número de indocumentados que había. Meses después anduvo trabajando en Cuenca y terminó recalando en Priego pues conocía aquí a un vecino de su pueblo. Y hasta el Centro de Adultos se acercó sin saber ni una palabra de español. De 9 a 10 de la noche venía entonces a clase.
Curso tras curso asistió al Taller de Español para Inmigrantes y terminó dominando el idioma. En estas medias un reconocimiento médico lo mandó al Hospital de Cabra y allí fue operado hasta dos veces de un problema de cadera. Anduvo con muletas y subsistió dos años con la ayuda de su compañero de piso y también alumno del centro, que no lo abandonó en ningún momento. Este curso estaba ya con nosotros en una clase del Nivel I. Le caía bien a la gente. Era buen compañero.
Le iban a dar, tras informe médico favorable, la residencia definitiva, y para ello lo citaron en Córdoba. Allí se presentó con un montón de papeles y lo detuvieron. Sospechosamente al día siguiente ya estaba repatriado en Tánger. Sin papeles, sin ropa, sin móvil, sin nada.
Nunca se ocultó. Nunca tuvo otro tipo de problemas. Siempre estuvo registrado en internet como alumno en la Consejeria de Educación, tenía tarjeta del Servicio Andaluz de Salud, le operaron dos veces, estuvo actualizando otras veces papeles en Sevilla y en Madrid en Inmigración, estaba registrado como residente en Priego…. Pero fue expulsado el mismo día que sus compañeros de clase estaban de visita en Córdoba, excursión a la que él estaba apuntado pues tenía verdadero interés en conocer la Mezquita.
Aunque tuviera pendiente una injusta orden de expulsión, ésta prescribe a los dos años. Desde aquella orden ha habido al menos dos o tres regularizaciones de inmigrantes. Para la expulsión deben pasar en unos casos 48 horas y en otros hasta cinco días. Tenía derecho a un abogado de oficio. Todo ello se ha inclumplido en este caso. Es una injusticia más. Un drama entre miles.
Nuestro compañero, mi alumno, mi amigo, se llama Abdelghani.

P.D.:
Casualidades de la vida: hoy cae en mis manos unos datos: El muy franquista Instituto Español de Emigración calculaba en 1964 que la emigración clandestina de españoles a Bélgica superaba nada menos que el 64 % de un total de 70.000. El sector mayoritario fue el servicio doméstico. También la minería y la construcción.
Sin comentarios.

(15-03-2008)
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23.3.08

Para Ella

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La conocí en Villanueva de Córdoba, un pueblo del norte de la provincia, en la comarca del Valle de los Pedroches. Era una alumna alta, simpática y con la piel surcada de arrugas pues había trabajado en el campo desde muy pequeña. Le gustaba horrores el carnaval y cualquier copleta.

Ella me decía las cosas muy claras y, a pesar de nuestros dos caracteres fuertes nos fuimos tomando verdadero afecto y hasta llegamos a ser amigos. Unos amigos atípicos, es verdad, pero amigos. Las últimas cartas nuestras eran tan largas que ella decía que parecían las de una novia a su quinto.

Ella se llamaba Carmen…. Y se ha marchado hace poco de este mundo de locos. No era muy mayor pero la vida no la había tratado precisamente con cariño. Ella siempre fue para mí un ejemplo de un mundo injusto que hace que las personas tengan que vivir como no se merecen. Ella mereció pasar por esta vida de otra forma.

Inquieta, la muerte le sorprendió escribiendo y haciendo cosas manuales una noche de primavera. Como siempre quiso.

Para ella, para Carmen, que también leía allá en su pueblo lo que yo aquí en Priego publicaba y le mandaba, hoy he querido dedicarle unas líneas de amigo.
Amigo que, desde hoy, estará un poco más solo.

Hasta siempre, Carmen.

(La Hojilla. 15-08-1995)