Entiendo la Educación como compromiso ético, como solidaridad, como concientización liberadora que ayuda a romper con la ignorancia, el sometimiento y el fatalismo.
Y tengo especial interés por el mundo de los inmigrantes.



18.1.09

Mujeres

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Mujeres marroquíes he visto hoy en los medios de comunicación. Mujeres de Mohammedia haciendo cola para venir a Andalucía a trabajar temporalmente. También mujeres de más al sur, de Agadir y poblaciones de su entorno y del interior a decenas de kilómetros. Son cientos, miles. Sólo mujeres, esperando pacientemente sus documentos que les autoricen a cruzar el Estrecho para lograr un salario.

Mujeres dignas, decididas, valientes, y con la fuerza necesaria de estar durante unos meses en tierra extraña, lejos de la familia y trabajar duramente con tal de sacar adelante a los suyos. Lo he percibido en la seriedad de sus miradas. Son más de 16.000 mujeres entre 18 y 45 años.

Mujeres que necesitan sin embargo la obligatoria autorización del marido. Mujeres que tienen problemas familiares, con hijos a su cargo o familiares enfermos que la inexistente sanidad pública y el gobierno marroquí abandona a su suerte. O son repudiadas, divorciadas o jóvenes viudas según amigos que saben del tema.

Mujeres para la campaña fresera onubense de 2009 que necesita unos 40.000 jornaleros españoles y unos 25.000 extranjeros para poder culminarla con éxito. Mujeres que cobrarán entre 800 y 900 euros por realizar ese trabajo frente a los 30 o 40 que recibían las más afortunadas que trabajan en su país.

Mujeres a las que una sociedad tan hipócrita como la nuestra les pide presentar ante el representante del gobierno o del empresario que las contrata un certificado médico y el Libro de Familia para demostrar convincentemente que tienen cargas familiares pues es la supuesta garantía que al menos el 90% de ellas retorne y no se queden aquí, vaya que sean una carga para nosotros.

Mujeres en su mayoría con atuendos tradicionales: sus túnicas de colores blancas o azules y su hiyab o velo cubriendo la cabeza. Mujeres como he visto tantas veces trabajando los campos, doblándose con sus hijos pequeños a la espalda. Mujeres sí, quizás tradicionales, pero que son las únicas que traen ingresos al hogar. Mujeres admirables que poco a poco se abren paso en una sociedad machista. Mujeres que merecen salir adelante.

Ya lo dije: mujeres.